El reloj de sol del Palacio Holyrood de Edimburgo, según Fulcanelli

  El reloj de sol del Palacio Holyrood de Edimburgo – Fulcanelli

(Texto seleccionado de este capítulo en su libro LAS MORADAS FILOSOFALES)

Postal-antigua-de-icosaedro-de-Holyrood

El icosaedro gnomónico de Edimburgo es, pues, aparte su destino efectivo, una traducción escondida de la Obra gnóstica o Gran Obra de los filósofos. Para nosotros. este pequeño monumento no tiene simple y únicamente por objeto indicar la hora diurna. sino también el recorrido del sol de los sabios en la obra filosofal. Y este recorrido está regulado por el icosaedro,. que es este cristal desconocido, la sal de Sapiencia, espíritu o fuego encarnado, el gnomo familiar y servicial, amigo de los buenos artistas, el cual asegura al hombre el acceso a la gnosis antigua.

icosaedro-de-Holyrood-y-gnomonIcosaedro-de-Holyrood-detallePor lo demás,  ¿fue la caballería extraña del todo a la edificación de este curioso Sundial o, al menos, a su decoración especial? No lo pensamos, y creemos encontrar la prueba de ello en el hecho de que, en muchas caras del sólido, el emblema del cardo se repite con significativa insistencia. Se cuentan, en efecto, seis capítulos florales y dos tallos floridos de la especie llamada Serratual arviensis. Puede reconocerse en la preponderancia evidente del símbolo con la insignia particular de los caballeros de la Orden del Cardo, la afirmación de un sentido secreto impuesto a la obra y contraseñado por ellos…

Según nuestra opinión, el reloj de sol escocés es una réplica moderna, a la vez más concisa y más sabia, de la antigua Tabla de Esmeralda. Ésta se componía de dos columnas de mármol verde, según algunos, o de una placa de esmeralda artificial, según otros.

Grabado-de-Holyrood-y-su-icosaedroAllí estaba grabada la Obra solar en términos cabalísticos. La tradición la atribuye al padre de los filósofos, Hermes Trismegisto, que se declara su autor, aunque su personalidad, muy oscura, no permita saber si el hombre pertenece a la fábula o a la Historia.

Algunos pretenden que este testimonio de la ciencia sagrada, escrito primitivamente en griego, fue descubierto después del Diluvio en una gruta rocosa del valle de Hebrón. Este detalle, desprovisto de toda autenticidad, nos ayuda a comprender mejor el significado secreto de esta famosa Tabla, que muy bien podría no haber existido fuera de la imaginación, sutil y juguetona, de los viejos maestros. Se nos dice que es verde -como el rocío de primavera, llamado por esta razón esmeralda de los filósofos-, primera analogía con la materia salina de los sabios: que fue redactada por Hermes. Segunda analogía: puesto que esta materia lleva el nombre de Mercurio, divinidad romana correspondiente al Hermes de los griegos. Finalmente – tercera analogía-, este mercurio verde que sirve para las tres Obras es calificado de triple, de donde el calificativo de Trimegisto (tres veces grande o sublime) añadido al nombre de Hermes. La Tabla de Esmeralda toma así el carácter de un discurso pronunciado por el Mercurio de los Sabios acerca de la manera como se elabora la Obra filosofal. No es Hermes, el Tot egipcio, el que habla, sino la esmeralda de los filósofos o la tabla isiaca.

postal-icosaedro-de-holyroodLa idea generatriz del reloj de Edimburgo refleja una preocupación semejante. Sin embargo, aparte que limita su enseñanza a la mera práctica alquímica, ya no es la materia en sus cualidades y en su naturaleza lo que expresa, sino tan sólo su forma o estructura física. Es un edificio cristalino cuya composición química permanece desconocida. Su configuración geométrica permite tan sólo reconocer en él las características mineralógicas de los cuerpos salinos en general. Nos enseña que el mercurio es una sal – lo que ya sabíamos -, y que esta sal tiene su origen en el reino mineral. Es, por otra parte, lo que afirman y repiten a porfía Claveus, el Cosmopolita. Limojon de Saint-Didier, Basilio Valentin, Huginus à Barma, Batsdorff, etc., cuando explican que la sal de los metales es la Piedra de los Filósofos.

Podemos, pues, razonablemente, considerar el reloj de sol como un monumento erigido al vitriolo filosófico, objeto inicial y primer ser de la piedra filosofal. Pues bien, todos los metales no son más que sales, lo que prueba su textura y demuestra la facilidad con que forman compuestos cristalizados. Al fuego, estas sales se funden en su agua de cristalización y adquieren el aspecto del aceite o del mercurio. Nuestro vitriolo obedece a la misma ley, y como conduce al éxito al artista lo bastante feliz para descubrirlo y prepararlo, ha recibido de nuestros predecesores el nombre de aceite de victoria.

Otros, considerando su color y, haciendo un juego de palabras con la asonancia, lo han denominado aceite de vidrio (vitri oleum), lo que determina su aspecto vítreo, su fluidez grasienta al fuego y su coloración verde (viridis). Este color evidente es lo que ha permitido atribuirle todos los epítetos que ocultan al profano su verdadera naturaleza.

Se lo ha dotado, nos dice Arnaldo de Vilanova, del nombre de los árboles, de las hojas, de las hierbas, de todo cuanto presenta una coloración verde, «a fin de engañar a los insensatos». Los compuestos metálicos que dan sales verdes han contribuido en gran medida a la extensión de esta nomenclatura. Es más, los filósofos,invirtieron el orden, se han complacido en designar cosas verdes por calificativos herméticos, para recordar, sin duda, la importancia que adquiere este color en alquimia…

Icosaedro-de-Holyrood,-otros-simbolos,-Fulcanelli

Icosaedro-de-Holyrood-dibjo-de-Champagne

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s